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A GRANDES MALES…
Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando
el pecado abundó, sobreabundo la gracia; para que así como el pecado reinó para
muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante
Jesucristo, Señor nuestro. (Romanos 5:20-21)
Casi me da risa la noticia que
escuché de la policía en Tijuana, México. A causa de la corrupción entre los
policías, estos fueron desarmados para que sus armas fueran inspeccionadas, y
luego fueron enviados una vez más a las calles a seguir haciendo lo que se
supone que deberían hacer, que es cuidar la seguridad de la ciudadanía. Pues
para cumplir con su trabajo, estos más de 2000 policías tuvieron que armarse con
una resortera y unas piedras. El que tuvo dinero para comprar, en lugar de
piedras usaba canicas. Así estuvieron en su trabajo por espacio de 24 días. La
medida no fuera tan descabellada si esto hubiera ocurrido en una ciudad en donde
no hay violencia, sino no conocieran los asesinatos más que por las noticias, o
donde no hubiera crimen, drogas y prostitucion. Pero sucede que esto ocurrió en
Tijuana, en donde casi a diario matan a una persona, en donde la droga abunda
por todos lados y en donde aun los policías han sido asesinados. Allí es donde
los delincuentes usan armas tan poderosas como las armas del ejército, o más que
eso. En total, es una ciudad en donde abunda todo tipo de crimen. Así que con
todo este repertorio, mirar a los policías que en lugar de una pistola en sus
cinturones traían una resortera, y en lugar de cargadores y tiros traían piedras
o canicas, es cosa de dar risa. Digo esto, por las ocurrencias, aparte del
peligro que corrieron estas personas.
A grandes males, grandes remedios, dice el viejo dicho. La
criminalidad en una ciudad como Tijuana no se puede combatir con resorteras ni
canicas, se necesita mucho más que eso. Esto es lo mismo que hizo Dios cuando
decidió poner fin al mal del pecado. El pecado se transmitía en todo ser humano,
y el final de la persona que moría era inevitable. Su destino final era el
castigo eterno. Por cuanto la mancha del pecado era grande y sus consecuencias
eran también desastrosas, Dios decidió darnos la mejor “arma” para contrarrestar
ese mal que destruye a la persona. Esa “arma” fue Jesucristo, el mismo Hijo de
Dios. Fíjese usted que la Biblia dice que cuando el pecado “abundó”, la gracia
de Dios “sobreabundó”
Yo siempre he dicho que estoy contento de que existen los
psiquiatras, los psicólogos, los alcohólicos anónimos, los consejeros
familiares, los policías y otras personas más que ayudan mucho a contrarrestar
los problemas psicológicos, los problemas familiares, y los otros ayudan a
contrarrestar la delincuencia. Pero ninguno de ellos tiene la solución para
contrarrestar el pecado, solo Dios.
Amigo lector, dale la oportunidad a que Dios haga el cambio que
tú no has podido hacer en tu propia vida.
Dios les bendiga.
Centro Cristiano Vida Nueva
Pastor, E. De La Torre
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