|
PEQUEÑECES
Hace días recibí una carta en donde una mujer me enviaba una
anécdota que ella me pedía que escribiera en el periódico. Como no la había
escrito me llamó para preguntarme si la había recibido. Ya estando en el
teléfono, nos pusimos a platicar de varias cosas. Yo se que ella es madre
soltera, y cuando tocamos el punto de su hijo, ella me dijo que hacia todo lo
posible por dedicarle todo el tiempo posible al niño porque todas las cosas son
pasajeras y un día su hijo no va a estar con ella.
Leí una ves mas la carta con la anécdota y al terminar pensé que
lo que esta joven madre soltera me decía, era mas importante para escribirlo,
que la anécdota del hombre muy rico y triunfador en los negocios, que ella me
describía en su carta.
Entonces también leí la historia de un niño que caminando de la
casa a su escuela encontró un centavo de cobre tirado en el camino. Lo recogió
con alegría, pensando en su “buena suerte” porque el centavo no le había costado
nada. Desde entonces el niño caminó agachado, buscando atentamente por donde
caminaba esperando siempre encontrar mas centavos.
El jovencito había guardado en una caja todo lo que había
recogido durante años. Un día creyó que era hora de saber lo que había recogido.
Allí había 302 centavos, 24 moneditas de cinco centavos, 41 de diez centavos, 8
de veinticinco centavos, 3 de cincuenta centavos y un billete de un dólar.
Respiró complacido pensando en la cantidad de dinero que había ahorrado “sin
costarle nada”. ¿Pero en realidad no le había costado nada? Si, si le había
costado algo: le costó porque se perdió de ver miles de puesta de sol; no miró
las ardillas que brincaban de árbol en árbol; tampoco se dio cuenta de los
arcoíris durante los días lluviosos; ni pudo apreciar los colores de los pájaros
que habitaban por el camino casa- escuela; no pudo ver retoños de los arboles,
ni sus flores. Todo porque siempre tuvo su mirada hacia abajo, buscando
pequeñeces sin valor.
Vivimos en un ambiente cargado de dilemas que nos hacen parecer
a este niño. Mucho trabajo; poco tiempo; el deseo desmedido de tener lo que el
vecino tiene; la mirada puesta en comprar un carro mas nuevo porque el que
manejamos ya es dos anos viejo, se mira sucio y no es como el del primo. Todas
estas son cosas que mantienen nuestra mirada hacia abajo, y no nos damos cuenta
de las cosas que nos estamos perdiendo; como el invertir el tiempo debido con
nuestra familia. Esta también puede ser una pequeñez, pero es una pequeñez un
valor incalculable.
La Biblia dice: “Este es el día que hizo Jehová; nos
gozaremos y alegraremos en el” (Salmo 118:24)
Dios les bendiga.
|