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ANIMO
Mis enemigos dicen mal de mí, preguntando: ¿Cuándo morirá y perecerá
su nombre? Y si vienen a verme, hablan mentira... Reunidos hablan contra mi
todos los que me aborrecen... (Salmo 41:4-9)
Una anécdota dice que un día cinco
ranitas iban paseando por el campo, ante la mirada de otras que prefirieron
quedarse en casa. De pronto las cinco ranas caen a un poso. Las ranas que
estaban mirando corren para ver lo que había pasado. Al llegar se dieron cuenta
de la triste realidad: el poso al que habían caído era demasiado profundo. Las
cinco ranas empezaron a brincar desesperadas tratando de salir de la trampa,
pero solamente llegaban a la mitad de la altura. A los pocos momentos, las ranas
que estaban fuera empezaron a batir sus manos y a gritarles a las cinco ranas
que pararan de brincar porque era imposible salir del poso, pero las ranas de
adentro seguían saltando tratando de salir. Después de tanto brincar, una de las
ranas se dio por vencida y decidió dejarse morir, pero las otras seguían en su
intento, mientras las ranas de afuera seguían desanimándolas. Poco después otra
rana se deja morir al escuchar los gritos desalentadores de las compañeras de
afuera. Al poco rato tora rana desanimada se abandona a morir, y así hasta que
solamente quedó una rana viva y brincando, ante la mirada y los gritos de las
ranas de afuera. Pasó bastante tiempo y la ranita no se daba por vencida, pero
las ranas de afuera tampoco se daban por vencidas y seguían desanimando a la que
saltaba. En uno de esos desesperados saltos la rana cae fuera del poso ante la
mirada atónita de sus compañeras. Inmediatamente le preguntaron como fue que
salio viva, cuando todas sus compañeras habían muerto. Entonces se dieron cuenta
de algo importante: la rana era sorda.
El rey David había cometido un grave pecado y sus “amigos” batieron
las manos y le decían que se diera por vencido, que allí moriría. Pero David
puso oídos sordos y siguió “brincando” para pedirle perdón a Dios. Por fin ante
la mirada atónita de sus amigos, David recibe el perdón de Dios y sale del poso
del pecado en el que había caído.
Estas historias nos enseñan que nuestras palabras tienen el poder de
dar animo para vivir, o dar palabras de desanimo para matar. Podemos darle una
palabra de aliento a alguien que esta pasando por un mal momento o por una
necesidad, para reanimarlo y ayudarlo a salir adelante, o también se le puede
dar una palabra destructiva para hundirlo. Tenemos que ser cuidadosos con lo que
hablamos. Busca dar una palabra de animo a quien se cruce en tu camino.
Dios les bendiga
Centro Cristiano Vida Nueva
Pastor, E. De La Torre
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