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CUBRIO SU VERGUENZA

                Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre el, y por su llaga fuimos nosotros curados. (Isaías 53:5)

                Había un  niño que tenia el problema de incontinencia en la orina. El doctor le había dado unas pastillas para ayudarle a aguantar el problema, al menos durante l tiempo que el niño estaba en la escuela. Todos los días en la mañana, antes de ir a su escuela la madre le tenia que dar esa pastilla. Un día se les olvido lo de la pastilla y el niño así se fue a sus clases. Durante una clase, el niño no pudo aguantarse y se orinó en su ropa antes de poder salir corriendo al baño. Ahora el niño no quería ni moverse porque los demás compañeros se iban a reír de él. Un compañerito se dio cuenta de lo ocurrido y empezó a caminar en dirección del niño orinado con un baso de agua en la mano. El maestro miró al niño caminando y le ordenó que volviera a su asiento y se sentara, el otro niño hizo como que volteaba a ver a su maestro asustado y se dejo caer sobre las piernitas del niño orinado, derramando así el baso de agua sobre las piernas del niño. El maestro regañó al niño y lo mandó castigado a una esquina del salón de clases, por haber derramado el baso de agua sobre su compañero. Allí estuvo el niño castigado durante el resto de la clase, ante la burla de sus compañeros, y sin decir nada del caso.

                Al final de la clase el niño orinado se acerca al niño castigado y le dijo: “Gracias porque tu cubriste mi vergüenza y llevaste el castigo sin decir nada, nunca me descubriste” El niño se refería a que el agua derramada cubrió lo de la orina y así los compañeros pensaron que el niño estaba mojado por el agua del baso.

                Amigo lector, esto es un ejemplo de lo que Jesucristo hizo por nosotros: Derramó, no agua, sino su sangre para perdonar nuestras faltas, y llevó el castigo sin decir nada para no descubrir la vergüenza de nuestro pecado. Fíjese lo que dice la Biblia en otro lado: “¿No sabéis que los injustos no heredaran el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idolatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredaran el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre de nuestro del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:9-11)

                Si aun no pasas por este proceso, ven a Dios hoy. El te está esperando, para cubrir la vergüenza de tu pecado.

                Dios les bendiga.

 

Centro Cristiano Vida Nueva

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